La depresión es un término muy utilizado popularmente, para referirse a un estado de ánimo triste, o bien de forma constante o intermitente.
 Desde la psicología, lo consideramos como trastorno propiamente dicho desde el momento en el que este estado de ánimo es casi permanentemente triste, acompañado de desgana, apatía, falta de energía, desgana a la hora de hacer cosas, desmotivación, etc.
 Tanto para la persona que la padece, como para las personas de su entorno más cercano (pareja, familiares, …) es una patología difícil de manejar. Para el paciente todo es un problema, todo lo vé de color negro, no existe un futuro esperanzador; la visión que tiene la propia persona de si misma es que no vale para nada (visión negativa de si misma, del mundo y del futuro: Triada negativa).
 Una de las características más comunes y que más problemas causan en los paciente y familiares es la victimización del paciente. El/la paciente depresivo suele relacionarse con su entorno a través de la queja, de la victimización y de la negatividad. Esto, finalmente le sirve al depresivo para obtener todas las atenciones posibles de su entorno (esto se ha llamado ganancias secundarias).
Este es un aspecto que deben conocer los familiares para el manejo de esta enfermedad. Al paciente hay que cuidarlo, amarlo, ayudarle a usar herramientas de afrontamiento positivas, pero nunca someterlo a una sobreprotección. Esto es perjudicial ya que se le refuerza la idea de que es un enfermo, una persona que no se vale por si mismo, y en definitiva se le fomenta la inseguridad.
 Como profesionales, debemos reeducar tanto a los pacientes como a sus familias en el abordaje de esta patología. Con pautas, hay que «sacar a los pacientes de su actitud victimista», que solo les sirve como «excusa» para no afrontar sus miedos, para no afrontar el cambio de vida que necesitan. En definitiva, hay que invitarlos a salir de la situación en la que se encuentran cómodos («zona de confort»). Paradójicamente, aunque saben que su actitud ante la vida no les reporta ningún beneficio, les resulta difícil de emprender cambios en su vida que les reporte un mejor estado en su salud mental.

En resumen, desde la psicología tenemos herramientas efectivas para que el paciente depresivo modifique sus pensamientos, sus sentimientos y el manejo de sus situaciones cotidianas. También, debemos «educar» a sus allegados para que sepan de las características de esta enfermedad, así como los aspectos que le benefician y perjudican.